Intentando dejar la televisión

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Cada año veo que media docena de mis amigos renuncian. Algunos son dolor, otros son alivio. Algunos tienen talento, otros no; como los que viven (algunos tienen habilidades, otros no). Es muy difícil mantenerse en este descabellado oficio de ver, y mucho menos cine. Quién será el que pueda, no el que quiera. Para los que viven, no se espera la verdad (sobre el padre notario, sobre la madre del periodista desde la época en que los medios eran populares, sobre el tío de RTVE, sobre las 10 casas en alquiler, sobre la diosa que trabajó con el director ganador del Oscar, o sobre el nuevo marido de la mujer, que resulta ser gerente de la distribuidora a la que se unió el niño). No hace falta que les preguntes nada: te dicen enseguida que están ahí para sus necesidades. No pondré aquí los chistes graciosos que recuerdo, principalmente porque fueron contados, en público o en privado, por personas que admiro. Estos días el frío nos afecta a todos, pero a unos más que a otros.


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